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Proteger a los hijos

De adolescente me gustaba perderme por las calles estrechas del casco antiguo de Barcelona, con una visita obligada a la calle Petritxol, sobre todo por el ambiente que se respira, por sus vecinos ilustres, sus comercios, galerías de arte, chocolaterías, aucaes, cuchillerías,… y por una tienda que me tenía el corazón robado.

Bajando a mano izquierda había una … no sé cómo definirla … era entre librería, papelería, objetos de regalo … no sé bien cuál era su especialidad. A mí me encantaba perderme entre sus estanterías, sus poesías, sus pósteres, … todo tenía un gusto exquisito.

Allí forjé uno de mis sueños, gracias a un verso que me encantaba y me obligaba a volver regularmente para leerlo.

Visitar Barcelona, pasear por Las Ramblas, desviarme hacia la calle Petritxol, entrar en la tienda y leer mi verso … era un camino obligado.

Me juré que intentaría aplicar el verso en mi vida y aquel juramento se convirtió en uno de mis sueños de adolescencia.

Un día volví y la tienda ya no estaba. ¡Qué desilusión!

“¡Mi verso!, ¿Dónde está mi verso?”, exclamé.

Durante muchos años he buscado el verso, que no encontraba, aunque sabía de qué hablaba: de los hijos, del padre, de un arco, de unas flechas, … pero no lo había memorizado … pregunté y nunca encontré. Por fin hoy, al escribir estas líneas, he encontrado el verso.

Es un verso precioso del poeta Khalil Gibran sobre los hijos:

Tus hijos no son tus hijos,

son hijos e hijas de la vida

deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti,

y aunque estén contigo,

no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,

pero no tus pensamientos, pues,

ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,

pero no sus almas, porque ellas

viven en la casa de mañana,

que no puedes visitar,

ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,

pero no procures hacerlos

semejantes a ti

porque la vida no retrocede

ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,

como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación,

en tu mano de arquero

sea para la felicidad

Pues, aunque Él ama

la flecha que vuela,

ama de igual modo al arco estable.

Solo me queda dar as gracias por todo lo que me ha pasado en la vida, a todas las personas que han hecho posible que yo cumpliera el mas grande de mis sueños:

TENER UNOS HIJOS EXCELENTES Y MUY BUENAS PERSONAS.

¡Gracias, de todo corazón!

Proteger, como cuidar de los hijos, ayuda a verlos progresar.